
Curiosidades sobre las intolerancias alimentarias
Datos poco conocidos que ayudan a entender mejor por qué el cuerpo reacciona como reacciona ante ciertos alimentos.
Las intolerancias alimentarias están rodeadas de ideas hechas que no siempre se ajustan a la realidad. Repasamos algunos datos curiosos que te ayudarán a entender mejor por qué tu cuerpo puede reaccionar de forma distinta ante alimentos que, en teoría, deberían ser inofensivos.
No tolerar la lactosa es, genéticamente, lo habitual
Solemos hablar de la intolerancia a la lactosa como una anomalía, pero en realidad es justo al revés: la mayoría de la población mundial adulta deja de producir suficiente lactasa de forma natural. Fueron las poblaciones ganaderas del norte de Europa las que, hace unos miles de años, desarrollaron una mutación genética que les permitió seguir digiriendo lácteos en la edad adulta. Dicho de otro modo: no es que a algunos «les falle» algo, es que otros conservan una excepción evolutiva.
El gluten de hoy no es el de hace un siglo
El trigo que se cultiva hoy ha sido seleccionado durante décadas para tener más gluten, precisamente porque esa proteína es la que da elasticidad y esponjosidad al pan industrial. No es la única variable, pero explica en parte por qué cada vez más personas notan molestias con un alimento que, generaciones atrás, se toleraba con más facilidad.
Una intolerancia no es lo mismo que una alergia
Se usan como sinónimos, pero no lo son. Una alergia implica al sistema inmunitario y puede desencadenar una reacción inmediata y grave, incluso con cantidades mínimas del alimento. Una intolerancia, en cambio, suele ser más gradual: el cuerpo tiene dificultades para procesar cierta sustancia y los síntomas (hinchazón, cansancio, dolor digestivo) van apareciendo según la cantidad consumida y el estado general del organismo.
La histamina funciona como un vaso que se llena
Muchas personas tienen «cupo» de histamina antes de notar síntomas, en vez de reaccionar siempre igual a un mismo alimento. Por eso una copa de vino, un queso curado o un embutido pueden sentar bien un día y mal otro: no es que el alimento cambie, es que el cuerpo va acumulando histamina de distintas fuentes a lo largo del día hasta que el vaso se desborda.
Casi ninguna intolerancia se nace con ella
A diferencia de lo que mucha gente piensa, la mayoría de las intolerancias no están presentes desde el nacimiento: aparecen en algún momento de la vida adulta, a menudo después de un periodo de estrés sostenido, una infección, un tratamiento con antibióticos o un cambio brusco de hábitos. Es decir: si hoy no toleras un alimento que antes comías sin problema, no es ninguna rareza, es de lo más común.